El seguimiento de plagas agrícolas ha sido, históricamente, un oficio de botas embarradas, cuaderno en mano y paciencia infinita: recorrer fincas, contar indicios, comparar campañas y cruzar datos con la experiencia del terreno. Ahora, sin renunciar a esa base clásica —porque el campo sigue mandando—, la tecnología suma un aliado que mira desde arriba.
Un grupo de investigación del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) ha desarrollado un nuevo modelo de teledetección a gran escala que permitirá un seguimiento integral y de alta resolución de las poblaciones de rata topera en las zonas donde causan daños. El sistema combina datos recogidos en campo con información satelital, de modo que la detección y la expansión de estos roedores puedan vigilarse de forma continua en amplias áreas agrícolas.
El trabajo, publicado en Scientific Reports con el título Large-scale remote sensing model enables an integrated monitoring approach for high-resolution tracking pest vole populations, está liderado por Aitor Somoano y Ana del Cerro (Serida) y cuenta con la colaboración de técnicos de Spectralgeo (Logroño), la Xunta de Galicia y Tragsatec.
La rata topera —un roedor capaz de disparar sus poblaciones en episodios de “explosión demográfica”— puede convertirse en una plaga de gran impacto. Según explica el investigador Aitor Somoano, los topillos provocan daños graves en pastos y cultivos, generan pérdidas económicas y suponen además un potencial riesgo para la salud pública, al poder actuar como reservorio de enfermedades transmisibles.
Del muestreo tradicional al “mapa vivo” del daño
La novedad del sistema no es solo “ver” la vegetación desde el satélite, sino unir esa mirada con el trabajo de campo para afinar el diagnóstico. El modelo incluye:
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Un modelo predictivo de hábitat que identifica con un 97% de precisión las zonas donde la especie está presente o podría expandirse.
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Un índice optimizado de daños (Optimized Damage Index) que estima la cantidad de roedores en función del nivel de daño observado en la vegetación.
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La determinación de las épocas del año más adecuadas para realizar el seguimiento.
En términos prácticos, la herramienta funciona como un sistema de alerta temprana: permite señalar con antelación áreas con mayor probabilidad de sufrir un repunte poblacional sin depender de muestreos continuos. Traducido al idioma del agricultor: menos “llegar tarde” y más “pillarlos a tiempo”.
Un estudio con cifras de gran escala
El estudio se realizó en una zona agrícola de aproximadamente 1.285 km² en la comarca de Os Ancares (Galicia), un territorio de paisaje heterogéneo. Entre 2021 y 2024 se efectuaron dos muestreos anuales (primavera y otoño) para estimar población mediante indicios de actividad.
El trabajo de campo abarcó 23.834 fincas, sumando 8.058 hectáreas afectadas, con 16.768 estimaciones de abundancia. En paralelo, se incorporaron datos del satélite Sentinel-2 para analizar la salud de la vegetación, aplicando finalmente técnicas de aprendizaje automático para construir predictores de hábitat potencial y de daño atribuible a la plaga.
Ventajas: menos coste, más cobertura
Entre los beneficios del modelo destacan la reducción de muestreos (costosos en tiempo y personal especializado), la posibilidad de vigilar grandes superficies de forma periódica mediante imágenes satelitales, un apoyo claro a decisiones mejor informadas y su potencial para adaptarse a otras especies de roedores y regiones con condiciones similares.
La investigación ha contado con financiación de la Dirección Xeral de Gandaría, Agricultura e Industrias Agroalimentarias (Galicia), la Dirección General de Custodia del Territorio y Prevención de Incendios del Principado, y el plan complementario Agroalnext del Ministerio de Ciencia e Innovación, además de fondos europeos NextGeneration y el proyecto Grupin NySA del Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación 2024–2026.
Y si alguien teme que el satélite sustituya al agricultor, tranquilidad: esto no va de cambiar el oficio, sino de afinarlo. Digamos que, por fin, la rata topera tiene un problema: además de al campo… ahora también tendrá que esconderse del espacio.
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