El Serida obtiene el primer genoma de la variedad Faba Granja Asturiana

Last Updated: 14 de noviembre de 2025By

La legumbre más emblemática de Asturias ya tiene “carné de identidad” genético. El equipo de Genética Vegetal del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) ha publicado la primera versión del genoma de la variedad Faba Granja Asturiana (variedad Andecha), un paso decisivo para blindar su futuro en los campos y en las cazuelas. El trabajo se ha dado a conocer en la revista científica Data in Brief bajo el título Chromosome-level dataset from de novo assembly of a Fabada common bean genotype using Illumina and PacBio technologies y se enmarca en el proyecto Sustcrop.

El estudio está firmado por los investigadores María Jurado, Juan José Ferreira y Ana Campa, del Serida, con la colaboración de José Vicente Die, de la Universidad de Córdoba. El grupo considera este resultado “un avance clave para la mejora genética y conservación de la variedad”. Disponer de un genoma completo permitirá identificar con mayor precisión las características propias de la Faba Granja Asturiana, estudiar la evolución de la especie y acelerar los programas de mejora genética orientados a obtener plantas más productivas, resistentes y adaptadas a las necesidades actuales del sector agroalimentario.

En términos sencillos, contar con un genoma de referencia supone tener un mapa detallado del ADN de la planta: su estructura, su funcionamiento y su variabilidad. A partir de ese mapa, los investigadores pueden localizar y estudiar las redes de genes asociadas a características agronómicas clave, como el rendimiento, la resistencia a enfermedades, la tolerancia a sequías o excesos de humedad, o la calidad del grano. Eso se traduce, en la práctica, en herramientas más eficaces para seleccionar las mejores plantas y hacer una gestión más eficiente de las colecciones y de los ensayos de campo.

Hasta ahora, el National Center for Biotechnology Information (NCBI) solo incluía los genomas completos de nueve variedades distintas de judía común (Phaseolus vulgaris). El genoma de la Faba Granja Asturiana se suma a este conjunto y contribuirá a construir el llamado pangenoma de la especie: una especie de catálogo completo de todos los genes presentes en las diferentes variedades. Ese catálogo permitirá distinguir con mayor precisión qué rasgos genéticos son comunes a la judía común y cuáles son propios de la Faba Granja Asturiana, aquellos que explican, por ejemplo, su tamaño de semilla, la textura del grano o su mayor o menor susceptibilidad a determinadas plagas y enfermedades.

El siguiente paso ya está en marcha. El equipo trabaja ahora en la anotación del genoma, es decir, en identificar y describir los genes presentes en cada cromosoma y sus posibles funciones biológicas. Si el ensamblado actual proporciona el “esqueleto” del ADN, la anotación pondrá nombre y apellidos a los genes y permitirá relacionarlos con las características morfológicas y agronómicas que hacen de la Faba Granja Asturiana una variedad local singular dentro de la especie. Una tarea paciente, más de artesano que de ingeniero, pero esencial para que la genética acabe teniendo un impacto real en las fincas y en los mercados.

El proyecto cuenta con un respaldo institucional amplio. La investigación ha sido financiada por el Gobierno del Principado de Asturias en el marco del Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación. La publicación científica, por su parte, ha recibido apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Agencia Estatal de Investigación, con cofinanciación de fondos Feder. Es decir, detrás del plato de fabada del futuro habrá no solo semillas seleccionadas con mimo y trabajo de los agricultores, sino también inversión pública y conocimiento generado en los laboratorios asturianos.

Tradición y ciencia, por tanto, se dan la mano: la faba que lleva décadas marcando el ritmo de ferias, cosechas y festivales gastronómicos entra en la era del genoma. El objetivo final es sencillo de explicar –seguir produciendo una faba de gran calidad, sostenible y competitiva– aunque la tecnología que lo hace posible sea tan sofisticada como las plataformas de secuenciación Illumina y PacBio que han permitido leer, letra a letra, el ADN de la “reina” de la fabada. Que las próximas generaciones sigan rebañando la cazuela dependerá, cada vez más, también de este tipo de avances silenciosos.

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