Estuario del Nalón: 47.000 años bajo el barro

Last Updated: 3 de febrero de 2026By

Un equipo de la Universidad de Oviedo ha reconstruido la historia ambiental del estuario del Nalón desde el Pleistoceno hasta hoy gracias a dos sondeos profundos —de hasta 27 metros de longitud— realizados en la desembocadura. El resultado es una “biografía” sedimentaria en cuatro etapas que combina clima, dinámica costera y, en los capítulos más recientes, un protagonista difícil de ignorar: la actividad humana.

La investigación se apoya en registros sedimentológicos y geoquímicos y permite diferenciar el “fondo” natural del sistema y el impacto de contaminantes de origen antrópico. En otras palabras: qué traía el estuario de serie y qué le hemos ido instalando con los años (sin manual de instrucciones).

Cuatro etapas, dos fechas clave y una pista sobre dónde estaba el mar

Los núcleos extraídos permiten identificar cuatro fases evolutivas. Las dos primeras corresponden a periodos fríos del Cuaternario. La más antigua se sitúa en torno a 47.000 años, localizada a 18 metros de profundidad, formada por cantos y gravas. La segunda, de aproximadamente 18.000 años, aparece a 12 metros respecto al fondo del canal actual y presenta arenas y, en menor medida, gravas. Según el estudio, estos datos indican que en aquellos momentos el nivel del mar estaría “varios kilómetros” más alejado de la posición actual.

Entre los firmantes figuran, entre otros, Germán Flor Blanco y Efrén García Ordiales, además de Julio López Peláez, Violeta Navarro García y Noa Pardo-Rivera.

Del estuario “casi natural” a los espigones, dragados y el legado minero-industrial

Las fases más recientes evidencian con claridad la influencia humana. La reconstrucción histórica parte de un mapa de Alcalá Casano (1786), cuando el estuario era “prácticamente natural”, y llega hasta la construcción de espigones, muelles y dragados masivos.

A ello se suma la actividad minera en las cuencas del río Nalón y el río Narcea, que introdujo carbón y contaminantes como arsénico y mercurio en los sedimentos del estuario. “El estuario del Nalón ofrece una gran cantidad de información sobre los cambios naturales y antrópicos”, señala Flor Blanco.

García Ordiales apunta además a la relevancia práctica: el trabajo ayuda a “refrendar” estudios previos e ilumina la problemática de la gestión actual de sedimentos impactados por ese legado minero-industrial.

Dunas, temporales y un giro inesperado desde 2009

El estudio también analiza la dinámica de las dunas costeras. Tras décadas de progradación (acumulación de sedimentos), desde 2009 se detectó un retroceso asociado al aumento del nivel del mar y a temporales extremos. Sin embargo, los datos más recientes describen una tendencia inesperada: recuperación y “ecologización” de las dunas, algo que —según se indica— parece ir a contracorriente de lo que anticipan algunos modelos sobre la subida del mar.

Publicación y utilidad: ciencia para planificar el territorio

El trabajo se ha publicado en la revista Anthropocene (volumen 52, diciembre de 2025, artículo 100506) y se vincula al grupo internacional UNESCO PICG IGCP 725 y a los grupos FECYT ISYMA y GEOCANTABRICA.

Más allá del interés científico, los autores subrayan que la reconstrucción aporta información “esencial” para la gestión sostenible de entornos costeros en un contexto de cambio climático y para la planificación territorial y la protección de ecosistemas frágiles. En resumen: mirar atrás (y excavar con paciencia) para decidir mejor qué hacemos mañana.

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