Balleneros asturianos del Paleolítico: un hallazgo científico de alcance internacional

Last Updated: 29 de mayo de 2025By

Una investigación internacional publicada en Nature Communications identifica el uso de huesos de ballena como herramientas hace más de 20.000 años en yacimientos asturianos como Tito Bustillo, La Paloma, Las Caldas y La Viña

Asturias vuelve a ser referente en el estudio del Paleolítico europeo. Un equipo internacional de investigadores ha descubierto que los humanos que habitaron el norte de la Península Ibérica durante el Magdaleniense, hace entre 20.000 y 17.000 años, ya utilizaban huesos de grandes cetáceos como ballenas y cachalotes para fabricar herramientas de caza y objetos cotidianos.

Los resultados de este trabajo han sido publicados en la prestigiosa revista científica Nature Communications, y revelan la evidencia más antigua conocida de reutilización de huesos de ballena por parte de grupos humanos. En total, se han analizado 173 restos óseos (83 transformados y 90 sin modificar) procedentes de 26 yacimientos arqueológicos del suroeste de Europa. Entre ellos, cuatro enclaves asturianos destacan por su relevancia: Tito Bustillo (Ribadesella), La Paloma (Las Regueras), Las Caldas y La Viña (ambos en Oviedo).

A través de técnicas avanzadas como la espectrometría de masas (ZooMS) y dataciones por carbono-14, el estudio ha permitido identificar restos de ballena franca, rorcual común, cachalote, ballena gris, ballena azul y una especie de marsopa. Las piezas, mayoritariamente puntas de proyectil, bastones perforados y fragmentos tallados, muestran una clara intencionalidad técnica en su manufactura, lo que sugiere una planificación en la recolección y transformación de los materiales.

Aunque no existen pruebas concluyentes de caza directa, la hipótesis más aceptada es que estos pueblos paleolíticos aprovecharon los cadáveres de cetáceos varados en la costa cantábrica para obtener materias primas de gran tamaño y resistencia. El estudio refuerza así la idea de que estos grupos tenían un conocimiento profundo de su entorno marino y de los recursos que este podía ofrecer.

El trabajo ha sido coordinado por los investigadores Jean-Marc Pétillon (CNRS, Francia) y Krista McGrath (Universidad de York, Reino Unido), y ha contado con la colaboración de especialistas en arqueología, zooarqueología y genética de varios países. La contribución de Asturias ha sido determinante no solo por la calidad de sus yacimientos, sino por el papel de sus investigadores y museos en el análisis y conservación de los restos.

Este descubrimiento sitúa de nuevo al Principado como una referencia clave para entender la vida, la tecnología y la relación con la naturaleza de los primeros europeos.

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