Un grupo de investigadores con sede en Asturias ha demostrado que no hace falta pasar una hora en el gimnasio para mejorar la salud. Un nuevo metaanálisis, publicado en la revista British Journal of Sports Medicine, muestra que pequeñas dosis de ejercicio –‘snacks de ejercicio’– repartidas a lo largo del día —los llamados snacks de ejercicio— pueden marcar una diferencia real en la forma física de adultos inactivos.
El estudio estuvo liderado por el Grupo AstuRES (Rendimiento, Readaptación, Entrenamiento y Salud) del Departamento de Biología Funcional de la Universidad de Oviedo, con la colaboración de expertos de Dinamarca, Francia y Reino Unido. En total, analizaron 11 ensayos clínicos con 414 adultos de entre 18 y 74 años. Los resultados son claros: unos pocos minutos de movimiento bastan para obtener mejoras del 4,6 % en la capacidad cardiorrespiratoria y del 17 % en la resistencia muscular en mayores de 65 años.
Miguel Ángel Rodríguez, primer autor del estudio, explica que le gusta pensar en el ejercicio “como un juego infinito”. “No se trata de ganar o llegar a una meta concreta, sino de seguir moviéndose toda la vida, adaptándose y disfrutando del proceso”, apunta.
Su compañero Hugo Olmedillas, también de la Universidad de Oviedo, destaca que estas rutinas “son una alternativa realista para quienes no alcanzan los niveles mínimos de actividad física recomendados”. Según la Organización Mundial de la Salud, más del 30 % de los adultos y el 80 % de los adolescentes en el mundo no cumplen esas pautas, lo que eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Los snacks de ejercicio se basan en series cortas —unos cinco minutos— de intensidad moderada o vigorosa, realizadas varias veces al día. Subir escaleras, practicar Tai Chi o hacer ejercicios de peso corporal bastan para obtener beneficios. Los programas analizados duraron entre cuatro y doce semanas y mostraron altas tasas de cumplimiento, sin efectos adversos.
Irene Crespo, también investigadora del grupo, subraya que “estos programas son seguros, accesibles y pueden realizarse sin supervisión, con beneficios palpables en poco tiempo”.
Aunque no se observaron cambios en la composición corporal ni en los perfiles cardiometabólicos, los autores creen que se debe a la corta duración de los estudios. Aun así, los resultados respaldan la consigna de la OMS de que “cada movimiento cuenta”.
Desde Asturias, el equipo recuerda que cuidar la salud no siempre exige grandes esfuerzos: basta con moverse un poco más, varias veces al día, para empezar a notar la diferencia.






