Investigadores de la Universidad de Oviedo analizan nuevas soluciones para recuperar, almacenar y reutilizar energía térmica en los edificios, mediante redes de calor y materiales capaces de acumular energía para emplearla cuando aumenta la demanda.
Buena parte de la energía que utilizamos termina transformándose en calor que se disipa y deja de aprovecharse. Industrias, centros de datos o depuradoras generan calor residual que podría convertirse, sin embargo, en un recurso para climatizar edificios. Esta es una de las líneas que investigadores de la Universidad de Oviedo han presentado dentro de los Desayunos Tecnológicos del Instituto Universitario de Tecnología Industrial de Asturias (IUTA).
Bajo el título «Energía invisible: almacenando y recuperando calor para edificios del futuro», los investigadores Andrés Meana Fernández y Matías Álvarez Rodríguez abordaron en Gijón diferentes tecnologías destinadas a reducir el consumo energético asociado a la calefacción y refrigeración de los edificios.
Recuperar una energía que ahora se desperdicia
Uno de los retos es aprovechar el calor que actualmente se pierde en numerosos procesos y trasladarlo hasta los lugares donde puede resultar útil. Para ello, Andrés Meana puso el foco en las denominadas redes térmicas de distrito, sistemas que permiten transportar energía mediante un fluido entre distintos puntos de producción y los edificios consumidores.
El planteamiento permite, por ejemplo, estudiar el aprovechamiento del calor residual procedente de instalaciones industriales, centros de datos o estaciones depuradoras para cubrir parte de las necesidades térmicas de viviendas y otros edificios. La zona oeste de Gijón, por su concentración industrial, fue utilizada durante la jornada como ejemplo del potencial que pueden presentar estos sistemas.
Según explicó Meana durante el encuentro, la edificación representa alrededor del 30 % del consumo energético total y aproximadamente la mitad del consumo de energía en la Unión Europea está relacionado con necesidades de calefacción y refrigeración. Los investigadores destacaron por ello la importancia de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y mejorar el aprovechamiento de la energía térmica disponible.
Fachadas capaces de almacenar calor
Pero producir o recuperar energía es solo una parte del problema. También es necesario poder almacenarla para utilizarla cuando realmente se necesita.
En este ámbito trabaja Matías Álvarez Rodríguez, investigador del Grupo de Investigación en Construcción Sostenible, Simulación y Ensayo (GICONSIME) de la Universidad de Oviedo. Una de sus líneas de investigación se centra en incorporar a las envolventes de los edificios materiales de cambio de fase, conocidos como PCM por sus siglas en inglés.
Estos materiales pueden absorber energía térmica cuando cambian de estado y liberarla posteriormente cuando las condiciones se modifican. Aplicados a una fachada, funcionan en cierto modo como un pequeño almacén térmico: acumulan calor o frío y permiten utilizar esa energía posteriormente, reduciendo las variaciones de temperatura en el interior del edificio.
Durante la jornada celebrada en Gijón, Álvarez explicó que las investigaciones comparativas realizadas muestran que una fachada adaptativa puede presentar una oscilación térmica un 21 % inferior a la de una fachada convencional.
Los trabajos desarrollados por este grupo combinan modelos numéricos y ensayos experimentales para estudiar el comportamiento de estos materiales en fachadas, morteros y diferentes componentes constructivos, con el objetivo de mejorar su capacidad de almacenamiento térmico y su aplicación real en los edificios.
Edificios que consuman energía de forma más inteligente
El almacenamiento térmico permite además afrontar uno de los problemas habituales de las energías renovables: la energía no siempre se genera exactamente en el momento en que se necesita.
Acumular calor durante periodos de menor demanda y utilizarlo posteriormente puede ayudar a reducir los picos de consumo, mejorar el funcionamiento de los sistemas de climatización y aprovechar mejor la energía disponible.
La investigación abre así una vía hacia edificios que no solo necesiten menos energía, sino que sean capaces de recuperarla, almacenarla y administrarla de una forma más eficiente.
La sesión, celebrada el 11 de septiembre en el Parque Científico Tecnológico de Gijón, formó parte de los Desayunos Tecnológicos IUTA 2026, una iniciativa del IUTA y Gijón Impulsa destinada a acercar los avances científicos y tecnológicos al tejido empresarial y a la ciudadanía.






