Asturias busca en la evolución por qué hacemos ejercicio

Last Updated: 15 de octubre de 2026By

Una investigación liderada desde Asturias por el grupo AstuRES propone un nuevo marco para explicar, desde la evolución, por qué las personas realizan ejercicio de forma voluntaria en sociedades en las que moverse ya no es imprescindible para sobrevivir. El trabajo cuenta con la colaboración de las universidades de Rennes y Basilea..

Durante la mayor parte de la historia humana, moverse no era una elección. Caminar largas distancias, buscar alimento, transportar cargas o cazar formaban parte de las actividades necesarias para sobrevivir. La sociedad actual ha roto en buena medida esa relación entre esfuerzo físico y supervivencia: disponemos de transporte, alimentos accesibles y trabajos cada vez más sedentarios. Sin embargo, millones de personas siguen corriendo, pedaleando, entrenando en un gimnasio o practicando deporte simplemente porque quieren hacerlo.

¿Por qué destinamos energía a una actividad que nuestro entorno ya no nos exige? La respuesta es la pregunta que ha llevado a un equipo liderado por investigadores de la Universidad de Oviedo a estudiar el ejercicio desde una perspectiva que combina evolución humana, neurociencia y antropología. El trabajo, titulado Why Do Humans Exercise? A Neuro-Evolutionary Framework for Discretionary Physical Effort, ha sido publicado en la revista científica Evolutionary Anthropology.

Una investigación liderada desde Asturias

El peso asturiano en el trabajo es especialmente relevante. La investigación está encabezada por Miguel Ángel Rodríguez, investigador del Grupo de Investigación en Rendimiento, Readaptación Físico-Deportiva, Entrenamiento y Salud (AstuRES) de la Universidad de Oviedo. También participan desde la institución asturiana Irene Crespo, del Departamento de Biología Funcional, y Hugo Olmedillas, responsable del grupo AstuRES.

El equipo se completa con Boris Cheval, de la Universidad de Rennes y la École Normale Supérieure de Rennes, en Francia, y Markus Gerber, de la Universidad de Basilea, en Suiza. De esta forma, la Universidad de Oviedo lidera una investigación internacional que sitúa a Asturias en el estudio de las bases evolutivas y neuropsicológicas de la actividad física humana.

El artículo no presenta un único experimento, sino que es un trabajo de revisión y propuesta teórica que integra conocimientos procedentes de diferentes disciplinas para plantear un nuevo marco explicativo. Los propios autores señalan que varias de sus hipótesis deberán ser contrastadas con nuevos estudios experimentales y longitudinales.

Un cerebro preparado para calcular si el esfuerzo merece la pena

La idea central es que nuestro cerebro conserva mecanismos desarrollados durante la evolución para decidir si un determinado esfuerzo físico compensa el gasto energético que supone.

Para nuestros antepasados, perseguir una presa, desplazarse varios kilómetros o transportar alimentos tenía un coste elevado, pero también ofrecía una recompensa clara. Las sociedades industrializadas han reducido drásticamente esa necesidad de movimiento, creando lo que los investigadores denominan un «desajuste evolutivo» entre una biología desarrollada para una vida activa y un entorno que permite vivir gastando muy poca energía.

La propuesta del equipo de la Universidad de Oviedo es que los mismos sistemas neuronales que ayudaban a nuestros antepasados a valorar el esfuerzo pueden haber sido reutilizados para dar valor al ejercicio voluntario, aunque este ya no proporcione una recompensa inmediata en forma de alimento o supervivencia.

De ahí una paradoja muy contemporánea: nuestro organismo tiende a ahorrar energía cuando no necesita gastarla, pero al mismo tiempo somos capaces de encontrar satisfacción en correr varios kilómetros, levantar pesas o superar una prueba deportiva.

Tres posibles explicaciones

Los investigadores plantean tres mecanismos complementarios para explicar por qué el ejercicio puede seguir teniendo valor para nuestro cerebro.

El primero es la compensación homeostática. La actividad física habría formado parte durante millones de años del funcionamiento normal del organismo. Una vida excesivamente sedentaria elimina muchos de esos estímulos, mientras que el ejercicio voluntario puede volver a activar procesos fisiológicos asociados al mantenimiento y reparación del cuerpo. Es la hipótesis que, según los autores, cuenta actualmente con un respaldo científico más sólido.

La segunda explicación es la señalización costosa. Ser capaz de realizar un esfuerzo exigente puede transmitir información sobre nuestra condición física, capacidad y disciplina. En las sociedades tradicionales y también en las actuales, determinadas actividades físicas pueden proporcionar reconocimiento social, cohesión de grupo o prestigio.

La tercera es la denominada recodificación de la recompensa. Los seres humanos pueden aprender a otorgar valor al propio esfuerzo. Superar una marca, terminar una carrera, formar parte de un grupo deportivo o experimentar sensación de dominio y progreso pueden convertir una actividad costosa en algo gratificante por sí mismo. Es una hipótesis sugerente, aunque los investigadores reconocen que requiere todavía más comprobación específica.

Por qué empezar cuesta más que continuar

El modelo también podría ayudar a entender una experiencia habitual: empezar a hacer ejercicio suele resultar difícil, pero mantenerlo puede hacerse progresivamente más sencillo.

Los autores plantean que la experiencia repetida podría modificar la valoración que el cerebro realiza del esfuerzo. Las personas que entrenan habitualmente tienden a percibir ese esfuerzo como menos costoso, aunque será necesario realizar estudios longitudinales para determinar hasta qué punto es el propio entrenamiento el responsable de ese cambio.

Esta perspectiva tiene posibles implicaciones para la promoción de la actividad física. Si el cerebro aprende progresivamente que el esfuerzo merece la pena, conseguir que las primeras experiencias sean agradables, alcanzables y significativas podría resultar más eficaz a largo plazo que confiar únicamente en la fuerza de voluntad.

Investigación asturiana para entender un comportamiento universal

El trabajo demuestra cómo desde la investigación desarrollada en Asturias pueden abordarse preguntas que afectan al comportamiento humano a escala global. El grupo AstuRES de la Universidad de Oviedo trabaja precisamente en ámbitos relacionados con actividad física, rendimiento, ejercicio y salud, y en este caso amplía la mirada hacia la evolución y la neurociencia.

La investigación no concluye que exista una única razón por la que hacemos deporte. Al contrario, propone que mantenimiento del organismo, beneficios sociales y recompensa personal pueden actuar simultáneamente y con diferente importancia en cada individuo.

La respuesta a por qué alguien decide ponerse unas zapatillas y salir a correr cuando podría permanecer cómodamente sentado puede estar, por tanto, en un cerebro que no evolucionó para hacer ejercicio por deporte, pero sí para decidir cuándo merece la pena esforzarse.

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